El domingo 26 de junio las tejedoras demostraron valor ante la lluvia y el frío. Desde las 15 amontonaron sus sillas en el Hall de Casa de las Culturas y comenzaron a combinar habilidad con lana y agujas con el propósito de confeccionar abrigos para donarlos. Con madejas provistas por Ulylan y Alvi-Lanas tejieron cerca de 600 prendas. Entre música y mates prevaleció el encuentro en torno a la solidaridad.

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Mariela Sánchez y su hijo Mambrín Matías.

María Marchán y su hija Ester se definieron como mamá e hija que tejen en silencio. Las dos producen a pedido de Ulylan y se sumaron a los encuentros hace tres años; entonces María estaba en el hospital esperando el nacimiento de su nieta cuando vio a una señora llegar con donaciones, preguntó y le interesó. “Soy pensionada y jubilada, me dedico a tejer”, contó María mientras confeccionaba un escarpín lila, y agregó: “En agosto, para el día del niño, llevamos 15 pares de escarpines, los entregamos a las madres sala por sala”.

En una mesa de la izquierda se separaban y embolsaban las confecciones. “Soy socia vitalicia; desde el 2000 estoy”, se jactó Martina Laura cuando fue a entregar su obra: un conjunto de pantalón y gorro amarillos. Ella vino desde Margarita Belén, a pesar de la lluvia, que sin embargo impidió la presencia de representantes de otras ciudades.

Luego de dos horas de reunión, y el Hall repleto de mujeres, lograron 430 prendas. Uno de los pocos varones presentes fue Mambrín Matías, quien llegó con su mamá Mariela Sánchez. Mientras él jugaba con el celular ella daba puntadas en un gorrito tricolor.

Pantalón cortito, con un solo tirador

Durante todo el encuentro, las organizadoras -dueñas de Alvi-Lanas y Ulylan, con el auspicio de Lanas Cisne- sortearon kits de tejido.
Durante todo el encuentro, las organizadoras -dueñas de Alvi-Lanas y Ulylan, con el auspicio de Lanas Cisne- sortearon kits de tejido.

En este encuentro los hombres se dedicaron a la logística, y a cantar en el escenario. Desde el inicio del proyecto de las tejedoras solidarias, Jorge Curi acompaña con su guitarra y un repertorio que va desde Leonardo Favio hasta la chacarera. “Estar en la Casa de las Culturas nos convierte en poco menos que personajes”, expresó Curi.y agradeció a las autoridades por el espacio. Él comenzaba una canción y ellas lo seguían a viva voz, y viceversa. También subieron aquellos que pasaban por el Hall, como Carlos Sosa de Resistango, o el técnico Roger Grancic.

Las tejedoras sólo levantaban las manos de su labor para moverlas al ritmo de las canciones y comer los bizcochitos de queso o tomar café, preparados por Eduardo y Gladys. El presidente del Instituto de Cultura, Héctor Bernabé, las saludó y les dijo: “La Casa de las Culturas es de ustedes, está disponible para aquellos que quieran ayudar a los demás”.

La familia del tejido

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Bety e Isabel, amigas del tejido.

La líder del grupo, Olga Alasia también expresó su alegría con el encuentro: “Cada una de las tejedoras es un ejemplo de vida”. Con con su hija Cecilia trajeron a toda la familia, el hijo y el nieto ayudaron en la organización, y la nieta contabilizaba las prendas.

Una de las más pequeñas de la reunión era Zoe, por eso sólo jugaba con las mantas que tejió su bisabuela Isabel Filei. Ella es testigo de los beneficios de la parsimonia del tejido, asegura que le ayudó a superar problemas. Junto a Bety Cristaldo trajeron mantas hechas en sus casas y se acomodaron en un rincón del Hall, justo de espalda a la lluvia. Bety también asiste los martes y jueves al curso de tejido de la EEP N°1 “Benjamín Zorrilla”.

En este encuentro anual se tejieron mantas, gorros, escarpines, sacos, pantalones, enteritos, ponchos, pullovers y bufandas.

Merecer la vida es erguirse vertical

El encargado de recibir las donaciones para el sector Oncología del Hospital Pediátrico de Resistencia fue Gustavo Urbano, sacerdote y médico oncólogo. Agradeció a las tejedoras y explicó que los gorritos cubrirán cabezas peladas de los niños con cáncer. “Cuando le agregan orejitas y pompones consiguen hacerlos sonreír”, detalló y recordó la canción Honrar la vida: “Acá hay gente que teje la historia, hacen que el mundo sea un lugar mejor para vivir”.

El 13 de julio, el día nacional de la tejedora en Argentina, Margot cumplirá 16 años dentro de esta red solidaria. Pero el domingo celebró sus 74 años, con una torta de los mismos colores que la bandera que cruza verticalmente al interior de la Casa de las Culturas. Margot aprendió el arte de ensimismarse con las tramas de la lana a los 9 años, legado de su abuelita. La alumna superó a la mestra: “Ella hacía carpetitas nomas, yo saco modelos de las revistas y hago hasta vestidos de recepción”.

Antes de volver a sus casas para ver el partido de la final de la Copa América, y quizás por la influencia de la torta patria y la bandera gigante, las tejedoras entonaron: “Vamos Argentina, que esta banda tejedora no te deja de alentar”. A las 18 anunciaron el resultado de los bizcochos de queso y el mate, las lanas y las agujas, más la música y el amor anónimo: 581 prendas, de las cuales 256 serán destinadas al Hospital Pediátrico de Resistencia, y 325 recibirá  Neonatología del Hospital Perrando.