Entre rap, trap y beats la cultura competitiva del hip hop local festejó con onomatopeyas olímpicas la llegada de la competencia Cuba Freestyle al auditorio de Casa de las Culturas. Las localidades se agotaron dos días antes del evento en el que los varones desplegaron palabras para defender su campo de orgullo. 

Salivas al micrófono que no tuvo descanso de mano en mano de los competidores. Humo para realzar las luces y la mente. Gritos despectivos alimentados por la ovación programada luego de cada octavo. Ofensas a la otredad en reafirmación de la propia estabilidad. Como en la filmografía de Almodóvar, los lugares comunes para esta expresión en potencia son la madre y el puto.

El escenario fue sólo para los chicos, tangencialmente delimitados en brazos tatuados, buzos encapuchados, voces aspirantes a graves, facciones rectas y ojos rojos encima de ojeras de computadoras, bajo párpados de raperos orientales. Las butacas para las chicas, que son tales en la medida en que acompañan a su boyfriend, en que levantan las manos en señal de disparo y alientan, y esperan… la gloria del señor. Si hay mujeres que no se note.

Poco a poco la ley interna descalificó, y designó a los más fuertes de esta violencia elocuente. Una contienda en la que Nike y Adidas se llevan el premio líquido. Ganó NTR 266 (Nitro), por descarte y en exacerbada autoreferencia del imperio Cuba Freestyle.